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martes, 4 de septiembre de 2012

EL HOMBRE PEZ














..............A los niños que por sentirse hombres
..............
van a buscar, diario, sirenas al mar
..............
sin pensar que éste no duerme.
..............
A mis primos.



Justo ahora que volteo hacia arriba
me doy cuanta de un sinnúmero de cosas
y no me queda de otra mas que callar.
Me doy cuanta que todas las estrellas
cayeron del cielo y se las comió el mar.
Los caracoles en el fondo saben algo
y callan, como yo,
van despacio como los trovadores
al hacer el amor,
saben de poesía como pegarse a los veleros
que les arrebata el sueño a media noche
mientras cae el sereno acompañado de insomnio.

Mientras miro hacia arriba
me percato que de cuello sólo me quedan agallas
y de las costillas me brotan aletas.
La respiración se me corta
de tajo y los ojos me hacen ver agua (verde, por cierto),
cuan solo atraviesa el mundo ante mis pupilas.
Hilos azules me conducen a placer.
Podría arrancar mi vientre a mordidas
como lo hacen los perros
al mirar, lagañosos, mil fantasmas en la oscuridad.

¿Cómo serán los orgasmos al caer la tarde?
Ahora que volteo hacia arriba, las letras
se acomodan haciendo versos en las olas
como si fuese tan fácil robar sonrisas al tiempo.
¡Y mira que me está saliendo cola!,
ya no aguanto la piel salada,
rojas, vidriosas, miro las siluetas al pasar
arrojando pregones que disimula el viento.

Ahora que volteo hacia arriba
tengo que callar como los pescadores en altamar,
¡y éste nunca se hace viejo ni tampoco duerme!
Ahora que volteo hacia arriba podría gritarlo todo,
pero sólo me resta callar y mirar.



AUTOR SERGIO IVÁN RAMÍREZ HUERTA





jueves, 19 de julio de 2012

EL LIBRO ABIERTO



Entré a la biblioteca y me empezaron a sudar las manos, ese fue el primer síntoma. Los ojos se me movían de un lado a otro tratando de encontrar un título que nunca antes imaginé ni pensé encontrar, es más, ni siquiera traía ganas de leer en ese momento. ¡Cómo carajos voy a saber qué leer si mi intención únicamente era visitar aquel recinto para recordar mi niñez! Cada pie quería dirigirse a su lado, ya retrocedía, luego avanzaba y buscaba algo en los anaqueles, enseguida me pasaba a otro y la operación era la misma, anaquel tras anaquel, en cada uno tardaba de cuatro a cinco minutos en revisar las seis hileras de ejemplares. Parecía un animal buscando su presa. El sudor bajaba de mi frente y la camisa empezó a humedecerse del pecho y la espalda. "Dónde estás, dónde estás", una voz en mi cabeza, "dónde estás, dónde estás". Mi labio inferior empezó a temblar y supe que nada andaba bien.

—A su derecha están los de estadística, historia, religión, física aplicada y lenguas extranjeras, joven  —dijo la anciana—. Aunque si lo que quiere es algo de geografía, lógica, novelas, química, derecho..., todos esos están en la planta alta. Si busca uno en especial, ahí está el fichero.




Esa voz me era familiar y chocaba con lo que hacía hueco en mi mente "dónde estás...". Me limité a no contestar y seguir buscando por mi propia cuenta sin ayuda de nada ni de nadie. Cada libro, cada portada, cada título, cada tomo... Los visitantes, al verme cerca de ellos, se iban retirando uno a uno. Me empezaba a quedar solo y eso en una biblioteca tan grande no es bueno. De pronto llegué a la sección titulada "Grandes cuentistas de la literatura universal". Mi corazón empezó a latir deprisa. No había duda, ahí estaba lo que andaba buscando pero no sabía a ciencia cierta qué era aquello, podría ser cualquier cosa, inclusive alguna frase o enunciado dentro de los millones de letras de aquellos ejemplares del anaquel.


—¿Lo puedo ayudar en algo, joven? —otra vez la vieja.
—No, si la requiero yo le llamo, retírese por favor, yo busco por mi cuenta.
La mujer se fue con cara de espanto al ver que yo babeaba y mi dicción estaba totalmente atrofiada. Noté que bajó las escaleras a toda prisa y salia por la puerta principal sin voltear a ver a nadie. El recinto estaba solo y aún estaba el sol en plenitud. Los dedos, al hojear cada libro, denotaban una especie severa de artritis. "Dónde, dónde...". Conforme avanzaba en la búsqueda, las víctimas deshojadas se iban a pilando en el suelo. Empecé a lagrimear y mi visión era poco lúcida.

De la parte inferior tomé un libró con pastas color marrón, lo llevé a pocos centímetros de mis ojos y no pude notar las letras. Los ojos me ardían por el esfuerzo. "Éste es, éste es". Ya no pude moverme, quise bajar y tomar una silla para tratar de leer, pero mis piernas no respondían. Me resigné a estar parado con el libro abierto. Todo era difuso y una sensación de atracción me empezó a someter como si miles brazos me quisieran arrastra y meterme en las páginas. No podía luchar con mis extremidades artríticas, mis labios secos, mi vista nublada, mis dedos chuecos, mi lengua dormida y mi nulo olfato. "Éste es, éste es". Caí en algo parecido al orgasmo; un sueño que se va entre los dedos, en un rio pequeño que recorre el mundo y se pierde en el mismo lugar de donde salió.


Yo ya no existía como tal. Los libros seguían apilados en el suelo y así se mantuvieron toda la tarde, noche, madrugada del siguiente día y mañana, justo cuando entraron los bibliotecarios del turno matutino.

—Quién habrá tirado todos estos libros. Gente sin cuidado que no sabe respetar lo ajeno —dijo el hombre de pelo cano—. Ahora habrá mucho trabajo al organizarlos de nuevo.



Conforme acomodaba cada libro en su exacto y preciso lugar, no perdía la ocasión en leer algunas lineas de cada uno. Le pareció extraño aquel ejemplar color marrón abierto por la mitad. Más rareza le causó que las letras le hayan sido borradas de tajo en todas las páginas, la única que permanecía inalterable era la última, en ella había el dibujo de un hombre artrítico que es atrapado por una hoja blanca y su parte inferior se puede leer "Entré a la biblioteca y me empezaron a sudar las manos, ese fue el primer síntoma. Los ojos...".

Al hombre le pareció poco interesante el ejemplar y lo cerró para colocarlo en su único y perdido lugar donde alguien batallaría para encontrarlo, quizá tendría que recorrer anaqueles tras anaqueles. Cuando se cerró aquel libro, los ojos dejaron de lagrimear y ya nada supe de mí, como si alguien apagara una luz y todo en mi fuera penumbras y espera.



Por Sergio Iván Ramírez Huerta


martes, 17 de julio de 2012

Ha pasado tanto tiempo de tener olvidado este sitio, que olvidé la contraseña que pide al entrar. Batallé mucho en poder meterme. Como si el blog, en total despecho, también se ubiera olvidado de mí y adrede me haya echo trastabillar. Ya estoy de vuelta con nuevos bríos y con nuevas historias que poco a poco iré plasmando. Ojala aún me queden algunos seguidores "en-activo" que me hagan comentarios. Gracias por leerme y pronto vuelvo.

viernes, 26 de agosto de 2011

EL VUELO DE LA TORTUGA



Si vieras la velocidad que tomaban esos plebes arriva de un carapacho. Si vieras que yo nomas les alcancé a gritar "eh, les habla mi nana. Ya nos vamos pa´l Morro a tirar playa...", pero nadie me hizo caso.

Primero se subía ese que tiene los ojos saltones como sapo. Los demás lo apuchaban como si fuera trepado en un carrito de roles. allá iban como almas que llevaba el mechudo. Y mira que parece cosa del diablo lo que pasó. Todo al modo viejo. Como si la cosa fuera adrede, pues, para que me entiendan.

Por la bajada de la iglesia, un friego de carros pasan a toda prisa, hasta parece que los que van adentro de ellos llevan un cohete en las petacas. Se me figuran de esos carritos que andan al rededor de una pista de carreras y chocan unos contra otros y la gente se emociona, los he visto en la tele. Los gabachos principalmente son los que más mitote hacen; ahí están camele y camele haber quién es el próximo que se estrella como huevo en sartén. Hay que estar bien piratón pa´ir en una de esas fregaderas. Los mentados "Nascar", ya me acordé.

Bueno, po´s resulta que los plebes no entienden de razones, pues, les vale máquina todo. Ellos andan como si nada y uno aquí haciéndose vieja con las preocupaciones.

"Aguas, plebes, aguas con los carros. Se va a enojar mi nana, mejor váyanse pa´la casa. Es peligrosa esa bajada". Y como si tuviera voz de profeta. El plebito carasapo salio juido por allá. El golpanazo se escuchó en todos lados. Asomaron las viejas mitoteras de todas las casas haber que onda. Fui la primera en llegar, pero ya ni pa´qué. Mira, vieras cómo quedó el carapacho y con eso te digo todo, fue partido en tres partes y resulta que esas cosas están duras pa quebrarse o rayarse. "Plebe, plebe, ¿estas bien?" Hasta la pregunta era fuera de guaza y torpe. Al chamaco sólo se le veían los ojitos perdidos, como si se le fundieran las pupilas de pajaro. La playa, los plebes, el automovil, la calle, la iglesia, la carita del niño... todo se hizo bermejo, bermejo y más bermejo, cada vez más profundo.




POR SERGIO IVAN RAMIREZ HUERTA



martes, 1 de febrero de 2011

EN BUSCA DEL TESORO DE LAS LETRAS

Me vi en la necesidad de buscar libros de autores regionales como Arturo y su mesa redonda buscaron antes El Santo Grial. Las librerías no los conocían, incluso dudaban de su existencia. Acudí a las bibliotecas sólo para darme cuenta que, dichos ejemplares, se habían perdido o quemado como casualmente le ocurrió a la del Ateneo Fuente. Gracias al Santo Cristo y a San Charbel encontré algunas obras maltratadas por la humedad, los hongos, mordeduras y caca de ratones, ¡vamos! El maltrato que produce el olvido. Era casi imposible tomar las obras sin que éstas se deshojaran o quebraran. Las hojas estaban pegadas debido a los miados de roedores. El olor que expedían era similar a un retrete de esas cantinuchas de mala muerte que se ubican en la zona centro de nuestra ciudad capital.
Si algo he aprendido de mis ilustres maestros es: nunca darme por vencido frente a las circunstancias, que dicho sea de paso, nunca son favorables. Acudí a la bodega de la más famosa librería de mi localidad. Mi sorpresa fue mayúscula desde la entrada a la casa-edificio-bodega-oficina. En un cuartucho oscuro tenían apiladas cajas y más cajas de libros que fueron hechos con el impuesto que pagaron mis padres, abuelos, tíos y demás caravana familiar que se me vino a la memoria y pertenecen a la masa trabajadora. Las obras estaban apiladas como la marihuana cuando va a ser quemada por la AFI o el Ejercito Nacional, aunque sabemos que lo que incendian es mínimo comparado con lo que previamente han escondido para su comercialización. ¡Pero bueno, ese no es el tema, volvamos pues, o como se dice en el populacho: ¡“a los que nos truje, chencha”!
Busqué a alguien que me pudiera facilitar algunos ejemplares, aunque me los cobrara. ¿Pagar por ellos? Ni modo, el negocio es negocio. Encontré a una amable viejecita que me dijo, “hay joven, tome los que quiera, al fin al cabo se están echando a perder. Sálvalos antes que sea época de lluvias, porque ese cuarto tiene goteras y se le mete el agua por debajo de la puerta. Vieras nomás. Todo se vuelve un cochinero, Siempre nos vemos en la necesidad de tirarlos. Terminan pareciendo atole o engrudo. Entonces ni el camión de basura se los quiere llevar. Toma los que más te gusten, nomás llenas una hojita cuando te vayas”. Ya del dinero mejor ni hice mención. La señora ya me los había regalado y, se hubiera prestado a malos entendidos.
Increíble. Empecé a examinar las cajas y contenían ejemplares en perfectas condiciones con portadas bonitas y temáticas. Lógicamente el contenido de cada obra era algo muy diferente, como diría mi abuelo “una cosa es una cosa y otra es otra”.
Alguna vez he tenido la oportunidad de leer algunos escritos de autores coahuilenses de la década de los 50´s y 60´s. El Archivo Municipal cuenta con varios ejemplares, pero no son para regalarse… Gracias a Dios, sino ya no existirían.
Décadas atrás se escribía acerca de la realidad, el ambiente, las carencias, costumbres, etcétera. Tengo que aceptar que los escritos eran una especie de “tributo a las buenas costumbres que no atenten contra la moral del pueblo”, algunas rayaban en lo ingenuo, lo fácil, lo corto en todos los sentidos. La época y el lugar no se prestaban para algo más. Pobre gente “tan lejos de todo y, sin embargo, tan cerca de Estados Unidos de América”.
Las condiciones actuales de los escritores “actuales” son muy diferentes, saltan a la vista. Los alcances tecnológicos, las revistas, la televisión, Internet…, todo juega un papel fundamental para la expansión de creaciones. El medio nos ha sido cambiado, cada vez somos una ciudad más parecida a las grandes urbes norteamericanas y nos olvidamos de nuestra tierra y todo lo que en ella habita, es decir, nos hemos olvidado del origen de las cosas dentro de nuestro medio. Somos una especie de extranjeros en nuestro propio territorio.
Dentro de las obras que tuve la oportunidad de obtener, me encontré con varias propuestas que me llamaron la atención. Número uno, la poesía actual no me gusta. Cada que leo poemas de la región, quiero más a mi perro. No sé por qué razón cada día hay más y más seudo-poetas, se reproducen con una facilidad sorprendente como si fueran Gremlins y les echaran agua en la espalda y éstos se autoprocrearan. Han abandonado la estética, la estructura, ya no tienen gracia ni temática y, han pasado a la mentada prosa-poética en un santiamén. Esos libros no deberían ser salvados de la pirámide mortuoria en la que se encontraban. No adornan estantes. La ingenuidad de los versos no ha cambiado conforme transitan las décadas por nuestra ciudad. Claro, no dudo que haya uno o dos o tres que se salven, pero desafortunadamente no encontré de esos, pues como son buenos ya se los habían llevado y me habían dejado sólo la merma de la poesía.
Número dos. La narrativa se cuece aparte, pues tiene alcances sorprendentes en los cuales no me quiero inmiscuir por el momento.
Número tres. ¡Oh, sorpresa! La literatura en cómics es parte de una realidad actual, donde se ha cambiado lo escrito por la simple imagen. Ahora se cuentan historias sin palabra alguna. Marcel Marceau ha de estar orgulloso dentro de su ataúd. Son libros geniales que nos dan testimonio de un avance maravilloso en la comunicación y, sin embargo, esto es algo tan antiguo como la creación de pinturas rupestres por el hombre de las cavernas. Maravilloso, andamos en búsqueda de nuestro origen mismo, por increíble que parezca.

Otra vez volvemos a colocarnos en una profunda cuestión “¿quiénes somos y de dónde venimos?” La búsqueda constante de una respuesta, nos lleva siempre a realizar literatura. Aunque la última palabra y, quizá tambien la solucion a tal enigma, siempre la tendrá el último de los lectores.




POR SERGIO IVÁN RAMÍREZ HUERTA



sábado, 2 de octubre de 2010

Septiembre por siempre

Casualmente en septiembre nunca escribo. Surge una impotencia que me llega hasta los huesos. No es flojera sino una especie de letargo. Los días se vuelven finitos y desesperantes como un niño que babea o hace pompas de saliva, asqueroso hasta cierto punto. Aunque tengo ideas, no logro plasmarlas en algún papel.

Parezco un fantasma de treinta días. Quisiera dormir el 31 de agosto y despertar el día 01 de octubre como si septiembre fuera sólo un sueño. Es fobia lo que tengo. No comprendo esa tenaz incertidumbre cada año. Como si me fumara algunos cigarros de marihuana, los colores se distorcionan al igual que las paredes, las letras, las mujeres, los autos, el sexo, los sonidos, los edificios, Lezama Lima (aunque Lezama Lima siempre se vuelve distorsionado sin importar la estación del año), el alcohol, la sangre... ¡vamos!, todo se vuelve un disparate. Imposible transitar por las calles con tanta locura.

Y ahora que despierto, septiembre, se ha llevado tantas horas de mi vida y yo pensando en la posibilidad de borrarlo con una goma blanca para que no deje siquiera mancha.

Quién fuera un loco frente a una computadora escribiendo a los días que se han ido como una bebida por la garganta del tiempo.



Por Sergio Iván Ramírez Huerta