viernes, 12 de junio de 2026
martes, 13 de diciembre de 2022
A nada del habla (Para mi tío Tino)
Llegó con el costado ferreo de madera
un múltiple castaño que ennegrece la acera,
con los brazos débiles calzando la playera
sacude su cuerpo y se arranca la cabellera.
No dijo palabras en la tarde nacarada
pensando ver un Argos con su vista cegada
se durmió con hambre, entre las olas y la nada
en una pena que lleva en el alma clavada.
Se acuesta con almohadas de sal y arenas
esperando un Morfeo con canto de sirenas,
que le despoje los pensamientos de cadenas
y lo cubran con cobijas de tierra y azucenas.
Se le trabó el habla y se durmió en el mar desnudo,
su corazón es un reloj que se queda mudo.
Un anhelo, un llanto, un sueño y el grito tozudo
de un instante que nos deja en la garganta un nudo.
Autor Sergio Iván Ramírez Huerta
miércoles, 31 de agosto de 2016
ECO, ENAMORADA
Eco, enamorada de Narciso, buscaba al joven que en algún momento entró al estanque. Ella estaba preparada y dispuesta. Anhelaba un alma que le partiera el cuerpo, una especie de ὀργασμός, como incitación al primer éxtasis. "Narciso", una voz que le recorría en reiteradas ocasiones. Una voz repetida, sonora, triste y sin contestación. Recorrió con la vista el lugar, lo buscó en el borde del agua y en el centro, irónicamente hermosa. Un resquicio de hombre se alejaba en lo más profundo de un beso. Se quedó absorta, se le cayó la sombra y se convirtió en reflejo, intentó hablar y le escaparon sonidos huecos, viejos, incapaces de decir algo. "Narciso, no te vayas. Quédate a mi lado... a mi lado, deshojando flores blancas... blancas, como las que empiezan a crecer en la orilla... en la orilla."
Sergio Iván Ramírez Huerta
miércoles, 28 de octubre de 2015
LA TIA OLGA
—Hoy cumple un año que se murió mi tía Olga, m´hijo.
Pinche vieja solterona y ridícula. Desde que la conocí me cayó como patada en
la panza. Con su carita de “yo no rompo un plato” tenía a toda la familia de tu
padre consintiéndola y eso que era la más verijona. Que bueno que en la mía no
hay de “esas”.
Sí. Ya sé que tú la vas a
defender pues te tenía bien mimado. Decías que era muy buena ya que cuando
andaba media entonada, te abrazaba y te daba dinero y hasta decía que eras su
sobrino favorito. ¡Uta madre! Eso mismo le decía a tu primo Betito o al Juancho
o al primero que agarrara. Era muy mentirosa, m´hijo. A lo mejor por eso nunca se casó
porque fea no era. Salió re buena pa´ la mentira.
Una vez llevó a un muchacho a comer a la casa de tu
abuela, que en paz descanse también. Era un pretendiente y no se veía ni tan
jodido ni tan pior. Se sentaron a la
mesa y tu tía arrimó como tres tenedores, cuatro cucharas y dos cuchillos por
plato, acá como al estilo francés.
Tu abuela hizo de comer albóndigas y pa´ luego las
sirvió. La Olga probó la comida y que se agarra a hablar en inglés, según ella
“than exquisite food, liked you?”. El muchacho no dijo nada ni pio siquiera. No le entendió ni madres y
yo tampoco. Apuesto a que Olga, que es la más indiada de todos, no supo ni lo
que dijo. Tu abuela se puso colorada de la vergüenza, nomás pelaba los ojos y
arrimaba la sal, luego una silla y la salsa y otro plato. No le atinaba a lo
que aquella seguía diciendo: “I love Mother” y puras de esas.
Yo quería soltar la carcajada pero me aguanté por
respeto a la familia de tu padre. Ya encerrada en el cuarto estallé en
carcajadas y del muchacho aquel nunca se volvió a saber. No. Tu tía se pasaba
de lanza a veces. Los domingos nunca faltaba a la misa de once. Iba a esa hora no
porque no se levantara más temprano, sino que había más hombres y era lo que
buscaba la cabrona. Siempre iba bien bañadita y perfumada, con faldas hasta la
rodilla, zapato de tacón alto y maquillada como si fuera a una fiesta.
De religión no sabía ni un pelo pero pa´l despiste se
llevaba su Biblia, claro, era de las últimas en llegar a la iglesia y se iba
hasta adelante pa´ que todos la vieran. Ni el nombre que tenía le gustaba y
mucho menos los apellidos. Cuando andaba en la calle pasaba de ser Olga Ramírez
Guajardo a María Fernanda Velazco. No está tan acá el nombrecito pero al
decirlo se henchía como pavorreal.
Ella afirmaba que vivió durante mucho tiempo en Los Ángeles
o San Diego, no recuerdo bien, pero era una de esas ciudades gabachas repletas de mexicanos. A las
visitas les presumía su colección de tazas y llaveritos de todo México: “que éste
me lo regaló Zutano, cuando fuimos a vacacionar a Querétaro; que este otro,
Perengano, cuando visitamos la pirámide de la luna; que éste más me lo dio el
presidente municipal de quién sabe dónde”... Puras mentiras.
Yo la caché varias veces comprando esos “recuerditos”
en el tianguis. Lo peor del caso es que la gente le creía y la tenían como una
mujer de mundo. La verdad es que nunca salió del pichurriento pueblo bicicletero donde vivía. Nunca se casó.
¡Cabrona!
A veces hasta he llegado a pensar que era la mujer más
feliz del mundo porque nunca tuvo que batallar con los chamacos y la pansa de gelatina que te dejan ni con el marido que no quiere meter la cuchara en la gelatina por las noches, ni
soportar a la suegra ni hacer talacha de la casa. Era la princesa de tu abuela
y la servía en todo, una especie de Gordolfa
Gelatina y Doña Naborita.
Lo que nunca pensó fue que la viejilla se iba a ir
primero al pozo y como la pendeja de Olga no sabía hacer ni madre, pues lueguito
estiró la pata.
Pero bueno, mejor le paro si no capaz que se me
aparece por andar de mamona. Si Dios fuera tan bondadoso me hubiera puesto en
su lugar y a ella en el mío para que viera la chinga que me estoy llevando. Ni
veladoras le voy a prender, para ver si se toma la molestia de andar penando
siquiera. ¡Cabrona!
POR SERGIO IVÁN RAMÍREZ HUERTA
domingo, 20 de septiembre de 2015
CIVILIZACION Y BARBARIE
(LO SIGUIENTE SURGE A PARTIR DE LA LECTURA DE LA OBRA "EL FACUNDO" DE DOMINGO F. SARMIENTO)
La civilización y el progreso se dan a cambio de que los hombres se encuentren reunidos en círculos numerosos. Gracias a las concentraciones urbanas, el ser humano puede obtener una educación común y participar en la democracia al relacionarse con otros hombres. Para el formato de esta clase de individuos se debe partir desde la educación moderna y las disciplinas que albergan las Bellas Artes.
La visualización de una futura República requiere de un factor muy importante: la inmigración europea para poblar la geografía argentina y sacrificar la existencia del indio o gaucho al que se le apropiaba el calificativo de "salvaje". Si no se llegaban a estas medidas, se podía caer en la amenaza de un Estado totalmente Bárbaro.
Al acabar con el gaucho y tomarlo como un ser primitivo y bruto, se daba fin al peso histórico que cargaba. Sería socialmente superado por el progreso y se entiende sobremanera que el precio a pagar es demasiado costoso por un supuesto paraíso liberal.

Pienso que la verdadera civilización sigue siendo un anhelado sueño y se ha de encontrar sólo mirando hacia el pasado y tomando como base los primeros pueblos, mismos que engloban la verdadera identidad. los tiempos cambian y "la naturaleza" sigue siendo el factor indispensable al cual debemos adaptarnos.
(Sarmiento, Domingo Faustino. Facundo. UNAN. Colección "Nuestros Clásicos". México. 1957. Pp 238)
Por Sergio Iván Ramírez Huerta
martes, 9 de octubre de 2012
LÍRICA DE SALIVA
También miró
de reojo, a través de la ventana,
al patio, queestaba ahora abandonado y en
silencio.
El solbrillaba
afuera. De cuando en cuando, llegaban
voces de
otros salones de clase y ruidos de
carretas
que pasaban por la calle.
(Paco
Yunque, Cesar Vallejo)
El niño Mauricio Ferriño caminaba de un lado a otro con pasos
paquidérmicos, la boca abierta pelando los dientes y con algo de masilla en las
encías. La hora del recreo empezaba y se le hacían pesados los treinta minutos
que duraba aquel.
En la lonchera sólo estaban, intactos, el paquete de
galletas azucaradas y la botella de agua que su madre le había dado para que
desayunara. No traía ninguna moneda para comprar algo en la tienda del colegio,
pero ni falta hacía, ya que nunca atravesaba el patio. La última vez que lo
había hecho, el niño Javier, que se sentaba en su misma fila y era hijo de la
maestra regañona, lo había hecho tropezar al meterle intencionalmente el pie.
El lugar de Mauricio estaba fuera del salón, caminando de
un lado a otro como tren averiado. Solo en su mundo. Aislado. Dando diez pasos,
media vuelta, otros diez pasos y repitiendo la misma rutina una y otra vez. La
saliva le llegaba ahora a la barbilla y comenzaba a caer al piso. De pronto, se
detuvo a ver mariposas imaginarias y figuras en las nubes para, como por arte
de una fuerza interna, estallar en una risa gutural, luego reanudaba su andar
entorpecido por las agujetas desamarradas, mas no caía. Caminaba pelando los
dientes.
Escondido a la vista de todos los maestros, el niño
Javier, atravezó el patio en busca de Ferriño, se colocó casi enfrente de él e
hizo una mueca de desagrado, como si se hubiera acercado a una letrina.
--Te hice unos versos, Mauricio, escúchalos y dime qué te
parecen. Lo hice ahorita que te vi:
Ya hizo caminito,
Ferriño el mongolito,
va por su sendero,
torpe como un cordero.
Mauricio sólo atinó a mostrar una sonrisa dientona y
babeante, como si aquellas palabras no llegaron jamás a sus oídos, en cambio,
el aire las hubiera transformado en oraciones amorosas que le decía su madre
todas la mañanas al dejarlo “te quiero mucho, hijo, eres lo que más amo en la
vida”, “¡Bendito sea Dios por mandarme a un hijo como tú!”, “si alguien te hace
algo, Dios se lo multiplicará”…
Javier, cada que componía una estrofa a su raquítico e hiriente poema que tenía como musa inspiradora la presencia escuálida y apelmazada de Mauricio Ferriño, explotaba en carcajadas para cimentar los versos y causar más efecto en el escucha.
El poeta escolar volteó para todos lados tratando de buscar la mirada de algún maestro que pudiera pillarlo, pero todos platicaban gustosos y risueños en cafetería, aprovechando el tiempo sin alumnos que atender. Al sentirse seguro, en el casi anonimato, Javier conjuró su nueva creación lírica.
Javier, cada que componía una estrofa a su raquítico e hiriente poema que tenía como musa inspiradora la presencia escuálida y apelmazada de Mauricio Ferriño, explotaba en carcajadas para cimentar los versos y causar más efecto en el escucha.
El poeta escolar volteó para todos lados tratando de buscar la mirada de algún maestro que pudiera pillarlo, pero todos platicaban gustosos y risueños en cafetería, aprovechando el tiempo sin alumnos que atender. Al sentirse seguro, en el casi anonimato, Javier conjuró su nueva creación lírica.
--Escucha este otro, lo hice nuevamente pensando en tí:
Su
caminar es denso,
vean a
este pobre niño,
es Mauricio Ferriño
que anda como menso.
es Mauricio Ferriño
que anda como menso.
Nuevamente Mauri sólo mostró sus dientes en señal de
sonrisa para dejar fluir más saliva por su ya inundada barbilla hasta su camisa
empapada del cuello.
El recreo parecía detenerse en los dos niños. Sus risas
los denotaban; feliz y satírico uno, incongruente el otro. Cada segundo se
diluía en la mirada de Mauricio como si observara nubes y sombras, casi de
inmediato, era vuelto a la realidad por un estirón de cabellos que le daba
Javier “ya despierta, no sigas sonámbulo, niño perdido. Eres un monstruo de la
naturaleza”. Mauricio jamás hablaba, a
menos que fuera sumamente necesario, como si una fuerza inexplicable y muy
dentro de su ser hablara por él. Ante el
estirón de greñas, los ojitos de Mauricio comenzaron a ponerse vidriosos.
--No llores, no llores, no duele. Pareces niña
--murmuraba el agresor--, mejor escucha este otro poema que se me acaba de ocurrir
al verte:
Mauricio,
de idiota tienes cara,
aunque
seas mi compañero,
de
idiota tienes cara
y por
eso te pateo el trasero.
(Al finalizar, con mucha fuerza daba un
puntapié a su víctima
en la parte señalada en el verso)
Entonces se terminaban las risas babeantes para dar paso
al llanto, Javier aprovechó para huir a toda prisa antes de ser visto por
alguno de los maestros que tenían un barullo en la cafetería.
Ya desde lejos, el poeta divisaba al conjunto de niños y
alguno que otro profesor reunirse en torno a Ferriño y su llanto desgarrador y
lastimero que inundaba todo el patio. Pronto la muchedumbre se hizo más y más
numerosa. Las lágrimas del pequeño no cesaban. Sin ser notado, Javier llegó y
se puso al frente de la masa, como si el acontecimiento le fuera totalmente
sorpresivo. Tomó a Mauricio de la mano y con voz cariñosa le dijo:
-- Qué tienes, quién te ha lastimado, amigo, habla.
Mauricio soltó un
largo y ensordecedor lamento. Se hizo el silencio y de su garganta salieron
algunas palabras igualmente dolorosas:
--Quiero a mi mamá. Me quiero ir con mi mamá…
--Quiero a mi mamá. Me quiero ir con mi mamá…
POR SERGIO IVÁN RAMÍREZ HUERTA
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