
Todo falta, no es necesaria la prosa
y mucho menos el verso.
Darle sentido a las palabras
que, huecas, explotan por el aire.
Lucecillas tenues que se extinguen
al leve roce del vacío labio.
Manecillas en reversa que se deprimen
por ir en un sentido que disgusta,
como las ideas burdas
que vagan en las paredes del alma.
¡Cuando hay alma, claro está!
A veces falta todo,
mirar niñas desnudas
donde sólo existen las quimeras perdidas.
Quejidos vanos porque todo es "vano".
Que nos oprime el celo,
vocablos brutos, los de siempre, los que no cambian,
experimentar la nada de la "nada" misma.
No entender de qué se trata la mañana
ni el azul ni la espuma ni la tarde
cuando el mar se hace polvo con abril.
Dedos que provocan y advierten el asco
y desaparecen con la música.
Adolescentes solos que se van
al emborracharse el alba.
El alba sin sueños.
Que a veces todo falta.
La sonrisa de un herido
al ir haciendo surcos con los dientes
por un ranúnculo camino.
Carne que se disloca con el cincelazo
de mi acento, cuando todo falta.
Por Sergio Iván Ramírez Huerta













