viernes, 12 de junio de 2026
martes, 13 de diciembre de 2022
A nada del habla (Para mi tío Tino)
miércoles, 31 de agosto de 2016
ECO, ENAMORADA
Eco, enamorada de Narciso, buscaba al joven que en algún momento entró al estanque. Ella estaba preparada y dispuesta. Anhelaba un alma que le partiera el cuerpo, una especie de ὀργασμός, como incitación al primer éxtasis. "Narciso", una voz que le recorría en reiteradas ocasiones. Una voz repetida, sonora, triste y sin contestación. Recorrió con la vista el lugar, lo buscó en el borde del agua y en el centro, irónicamente hermosa. Un resquicio de hombre se alejaba en lo más profundo de un beso. Se quedó absorta, se le cayó la sombra y se convirtió en reflejo, intentó hablar y le escaparon sonidos huecos, viejos, incapaces de decir algo. "Narciso, no te vayas. Quédate a mi lado... a mi lado, deshojando flores blancas... blancas, como las que empiezan a crecer en la orilla... en la orilla." miércoles, 28 de octubre de 2015
LA TIA OLGA
—Hoy cumple un año que se murió mi tía Olga, m´hijo.
Pinche vieja solterona y ridícula. Desde que la conocí me cayó como patada en
la panza. Con su carita de “yo no rompo un plato” tenía a toda la familia de tu
padre consintiéndola y eso que era la más verijona. Que bueno que en la mía no
hay de “esas”.
A veces hasta he llegado a pensar que era la mujer más
feliz del mundo porque nunca tuvo que batallar con los chamacos y la pansa de gelatina que te dejan ni con el marido que no quiere meter la cuchara en la gelatina por las noches, ni
soportar a la suegra ni hacer talacha de la casa. Era la princesa de tu abuela
y la servía en todo, una especie de Gordolfa
Gelatina y Doña Naborita. domingo, 20 de septiembre de 2015
CIVILIZACION Y BARBARIE
(LO SIGUIENTE SURGE A PARTIR DE LA LECTURA DE LA OBRA "EL FACUNDO" DE DOMINGO F. SARMIENTO)
La civilización y el progreso se dan a cambio de que los hombres se encuentren reunidos en círculos numerosos. Gracias a las concentraciones urbanas, el ser humano puede obtener una educación común y participar en la democracia al relacionarse con otros hombres. Para el formato de esta clase de individuos se debe partir desde la educación moderna y las disciplinas que albergan las Bellas Artes.
La visualización de una futura República requiere de un factor muy importante: la inmigración europea para poblar la geografía argentina y sacrificar la existencia del indio o gaucho al que se le apropiaba el calificativo de "salvaje". Si no se llegaban a estas medidas, se podía caer en la amenaza de un Estado totalmente Bárbaro.
Al acabar con el gaucho y tomarlo como un ser primitivo y bruto, se daba fin al peso histórico que cargaba. Sería socialmente superado por el progreso y se entiende sobremanera que el precio a pagar es demasiado costoso por un supuesto paraíso liberal.

Pienso que la verdadera civilización sigue siendo un anhelado sueño y se ha de encontrar sólo mirando hacia el pasado y tomando como base los primeros pueblos, mismos que engloban la verdadera identidad. los tiempos cambian y "la naturaleza" sigue siendo el factor indispensable al cual debemos adaptarnos.
(Sarmiento, Domingo Faustino. Facundo. UNAN. Colección "Nuestros Clásicos". México. 1957. Pp 238)
Por Sergio Iván Ramírez Huerta
martes, 9 de octubre de 2012
LÍRICA DE SALIVA
Ya hizo caminito,
Ferriño el mongolito,
va por su sendero,
torpe como un cordero.
Javier, cada que componía una estrofa a su raquítico e hiriente poema que tenía como musa inspiradora la presencia escuálida y apelmazada de Mauricio Ferriño, explotaba en carcajadas para cimentar los versos y causar más efecto en el escucha.
El poeta escolar volteó para todos lados tratando de buscar la mirada de algún maestro que pudiera pillarlo, pero todos platicaban gustosos y risueños en cafetería, aprovechando el tiempo sin alumnos que atender. Al sentirse seguro, en el casi anonimato, Javier conjuró su nueva creación lírica.
es Mauricio Ferriño
que anda como menso.
--Quiero a mi mamá. Me quiero ir con mi mamá…
martes, 4 de septiembre de 2012
EL HOMBRE PEZ
..............A los niños que por sentirse hombres
..............van a buscar, diario, sirenas al mar
..............sin pensar que éste no duerme.
..............A mis primos.
Justo ahora que volteo hacia arriba
me doy cuanta de un sinnúmero de cosas
y no me queda de otra mas que callar.
Me doy cuanta que todas las estrellas
cayeron del cielo y se las comió el mar.
Los caracoles en el fondo saben algo
y callan, como yo,
van despacio como los trovadores
al hacer el amor,
saben de poesía como pegarse a los veleros
que les arrebata el sueño a media noche
mientras cae el sereno acompañado de insomnio.
Mientras miro hacia arriba
me percato que de cuello sólo me quedan agallas
y de las costillas me brotan aletas.
La respiración se me corta
de tajo y los ojos me hacen ver agua (verde, por cierto),
cuan solo atraviesa el mundo ante mis pupilas.
Hilos azules me conducen a placer.
Podría arrancar mi vientre a mordidas
como lo hacen los perros
al mirar, lagañosos, mil fantasmas en la oscuridad.
¿Cómo serán los orgasmos al caer la tarde?
Ahora que volteo hacia arriba, las letras
se acomodan haciendo versos en las olas
como si fuese tan fácil robar sonrisas al tiempo.
¡Y mira que me está saliendo cola!,
ya no aguanto la piel salada,
rojas, vidriosas, miro las siluetas al pasar
arrojando pregones que disimula el viento.
Ahora que volteo hacia arriba
tengo que callar como los pescadores en altamar,
¡y éste nunca se hace viejo ni tampoco duerme!
Ahora que volteo hacia arriba podría gritarlo todo,
pero sólo me resta callar y mirar.
AUTOR SERGIO IVÁN RAMÍREZ HUERTA
jueves, 19 de julio de 2012
EL LIBRO ABIERTO
Entré a la biblioteca y me empezaron a sudar las manos, ese fue el primer síntoma. Los ojos se me movían de un lado a otro tratando de encontrar un título que nunca antes imaginé ni pensé encontrar, es más, ni siquiera traía ganas de leer en ese momento. ¡Cómo carajos voy a saber qué leer si mi intención únicamente era visitar aquel recinto para recordar mi niñez! Cada pie quería dirigirse a su lado, ya retrocedía, luego avanzaba y buscaba algo en los anaqueles, enseguida me pasaba a otro y la operación era la misma, anaquel tras anaquel, en cada uno tardaba de cuatro a cinco minutos en revisar las seis hileras de ejemplares. Parecía un animal buscando su presa. El sudor bajaba de mi frente y la camisa empezó a humedecerse del pecho y la espalda. "Dónde estás, dónde estás", una voz en mi cabeza, "dónde estás, dónde estás". Mi labio inferior empezó a temblar y supe que nada andaba bien.—A su derecha están los de estadística, historia, religión, física aplicada y lenguas extranjeras, joven —dijo la anciana—. Aunque si lo que quiere es algo de geografía, lógica, novelas, química, derecho..., todos esos están en la planta alta. Si busca uno en especial, ahí está el fichero.

Esa voz me era familiar y chocaba con lo que hacía hueco en mi mente "dónde estás...". Me limité a no contestar y seguir buscando por mi propia cuenta sin ayuda de nada ni de nadie. Cada libro, cada portada, cada título, cada tomo... Los visitantes, al verme cerca de ellos, se iban retirando uno a uno. Me empezaba a quedar solo y eso en una biblioteca tan grande no es bueno. De pronto llegué a la sección titulada "Grandes cuentistas de la literatura universal". Mi corazón empezó a latir deprisa. No había duda, ahí estaba lo que andaba buscando pero no sabía a ciencia cierta qué era aquello, podría ser cualquier cosa, inclusive alguna frase o enunciado dentro de los millones de letras de aquellos ejemplares del anaquel.
—¿Lo puedo ayudar en algo, joven? —otra vez la vieja.
—No, si la requiero yo le llamo, retírese por favor, yo busco por mi cuenta.
La mujer se fue con cara de espanto al ver que yo babeaba y mi dicción estaba totalmente atrofiada. Noté que bajó las escaleras a toda prisa y salia por la puerta principal sin voltear a ver a nadie. El recinto estaba solo y aún estaba el sol en plenitud. Los dedos, al hojear cada libro, denotaban una especie severa de artritis. "Dónde, dónde...". Conforme avanzaba en la búsqueda, las víctimas deshojadas se iban a pilando en el suelo. Empecé a lagrimear y mi visión era poco lúcida.
De la parte inferior tomé un libró con pastas color marrón, lo llevé a pocos centímetros de mis ojos y no pude notar las letras. Los ojos me ardían por el esfuerzo. "Éste es, éste es". Ya no pude moverme, quise bajar y tomar una silla para tratar de leer, pero mis piernas no respondían. Me resigné a estar parado con el libro abierto. Todo era difuso y una sensación de atracción me empezó a someter como si miles brazos me quisieran arrastra y meterme en las páginas. No podía luchar con mis extremidades artríticas, mis labios secos, mi vista nublada, mis dedos chuecos, mi lengua dormida y mi nulo olfato. "Éste es, éste es". Caí en algo parecido al orgasmo; un sueño que se va entre los dedos, en un rio pequeño que recorre el mundo y se pierde en el mismo lugar de donde salió.
Yo ya no existía como tal. Los libros seguían apilados en el suelo y así se mantuvieron toda la tarde, noche, madrugada del siguiente día y mañana, justo cuando entraron los bibliotecarios del turno matutino.
—Quién habrá tirado todos estos libros. Gente sin cuidado que no sabe respetar lo ajeno —dijo el hombre de pelo cano—. Ahora habrá mucho trabajo al organizarlos de nuevo.
Conforme acomodaba cada libro en su exacto y preciso lugar, no perdía la ocasión en leer algunas lineas de cada uno. Le pareció extraño aquel ejemplar color marrón abierto por la mitad. Más rareza le causó que las letras le hayan sido borradas de tajo en todas las páginas, la única que permanecía inalterable era la última, en ella había el dibujo de un hombre artrítico que es atrapado por una hoja blanca y su parte inferior se puede leer "Entré a la biblioteca y me empezaron a sudar las manos, ese fue el primer síntoma. Los ojos...".
Al hombre le pareció poco interesante el ejemplar y lo cerró para colocarlo en su único y perdido lugar donde alguien batallaría para encontrarlo, quizá tendría que recorrer anaqueles tras anaqueles. Cuando se cerró aquel libro, los ojos dejaron de lagrimear y ya nada supe de mí, como si alguien apagara una luz y todo en mi fuera penumbras y espera.
martes, 17 de julio de 2012
viernes, 26 de agosto de 2011
EL VUELO DE LA TORTUGA
martes, 1 de febrero de 2011
EN BUSCA DEL TESORO DE LAS LETRAS
Charbel encontré algunas obras maltratadas por la humedad, los hongos, mordeduras y caca de ratones, ¡vamos! El maltrato que produce el olvido. Era casi imposible tomar las obras sin que éstas se deshojaran o quebraran. Las hojas estaban pegadas debido a los miados de roedores. El olor que expedían era similar a un retrete de esas cantinuchas de mala muerte que se ubican en la zona centro de nuestra ciudad capital.Si algo he aprendido de mis ilustres maestros es: nunca darme por vencido frente a las circunstancias, que dicho sea de paso, nunca son favorables. Acudí a la bodega de la más famosa librería de mi localidad. Mi sorpresa fue mayúscula desde la entrada a la casa-edificio-bodega-oficina. En un cuartucho oscuro tenían apiladas cajas y más cajas de libros que fueron hechos con el impuesto que pagaron mis padres, abuelos, tíos y demás caravana familiar que se me vino a la memoria y pertenecen a la masa trabajadora. Las obras estaban apiladas como la marihuana cuando va a ser quemada por la AFI o el Ejercito Nacional, aunque sabemos que lo que incendian es mínimo comparado con lo que previamente han escondido para su comercialización. ¡Pero bueno, ese no es el tema, volvamos pues, o como se dice en el populacho: ¡“a los que nos truje, chencha”!
Busqué a alguien que me pudiera facilitar algunos ejemplares, aunque me los cobrara. ¿Pagar por ellos? Ni modo, el negocio es negocio. Encontré a una amable viejecita que me dijo, “hay joven, tome los que quiera, al fin al cabo se están echando a perder. Sálvalos antes que sea época de lluvias, porque ese cuarto tiene goteras y se le mete el agua por debajo de la puerta. Vieras nomás. Todo se vuelve un cochinero, Siempre nos vemos en la necesidad de tirarlos. Terminan pareciendo atole o engrudo. Entonces ni el camión de basura se los quiere llevar. Toma los que más te gusten, nomás llenas una hojita cuando te vayas”. Ya del dinero mejor ni hice mención. La señora ya me los había regalado y, se hubiera prestado a malos entendidos.
Increíble. Empecé a examinar las cajas y contenían ejemplares en perfectas condiciones con portadas bonitas y temáticas. Lógicamente el contenido de cada obra era algo muy diferente, como diría mi abuelo “una cosa es una cosa y otra es otra”.
Alguna vez he tenido la oportunidad de leer algunos escritos de autores coahuilenses de la década de los 50´s y 60´s. El Archivo Municipal cuenta con varios ejemplares, pero no son para regalarse… Gracias a Dios, sino ya no existirían.

Décadas atrás se escribía acerca de la realidad, el ambiente, las carencias, costumbres, etcétera. Tengo que aceptar que los escritos eran una especie de “tributo a las buenas costumbres que no atenten contra la moral del pueblo”, algunas rayaban en lo ingenuo, lo fácil, lo corto en todos los sentidos. La época y el lugar no se prestaban para algo más. Pobre gente “tan lejos de todo y, sin embargo, tan cerca de Estados Unidos de América”.
Las condiciones actuales de los escritores “actuales” son muy diferentes, saltan a la vista. Los alcances tecnológicos, las revistas, la televisión, Internet…, todo juega un papel fundamental para la expansión de creaciones. El medio nos ha sido cambiado, cada vez somos una ciudad más parecida a las grandes urbes norteamericanas y nos olvidamos de nuestra tierra y todo lo que en ella habita, es decir, nos hemos olvidado del origen de las cosas dentro de nuestro medio. Somos una especie de extranjeros en nuestro propio territorio.
Dentro de las obras que tuve la oportunidad de obtener, me encontré con varias propuestas que me llamaron la atención. Número uno, la poesía actual no me gusta. Cada que leo poemas de la región, quiero más a mi perro. No sé por qué razón cada día hay más y más seudo-poetas, se reproducen con una facilidad sorprendente como si fueran Gremlins y les echaran agua en la espalda y éstos se autoprocrearan. Han abandonado la estética, la estructura, ya no tienen gracia ni temática y, han pasado a la mentada prosa-poética en un santiamén. Esos libros no deberían ser salvados de la pirámide mortuoria en la que se encontraban. No adornan estantes. La ingenuidad de los versos no ha cambiado conforme transitan las décadas por nuestra ciudad. Claro, no dudo que haya uno o dos o tres que se salven, pero desafortunadamente no encontré de esos, pues como son buenos ya se los habían llevado y me habían dejado sólo la merma de la poesía.
Número dos. La narrativa se cuece aparte, pues tiene alcances sorprendentes en los cuales no me quiero inmiscuir por el momento.
Número tres. ¡Oh, sorpresa! La literatura en cómics es parte de una realidad actual, donde se ha cambiado lo escrito por la simple imagen. Ahora se cuentan historias sin palabra alguna. Marcel Marceau ha de estar orgulloso dentro de su ataúd. Son libros geniales que nos dan testimonio de un avance maravilloso en la comunicación y, sin embargo, esto es algo tan antiguo como la creación de pinturas rupestres por el hombre de las cavernas. Maravilloso, andamos en búsqueda de nuestro origen mismo, por increíble que parezca.
sábado, 2 de octubre de 2010
Septiembre por siempre
Parezco un fantasma de treinta días. Quisiera dormir el 31 de agosto y despertar el día 01 de octubre como si septiembre fuera sólo un sueño. Es fobia lo que tengo. No comprendo esa tenaz incertidumbre cada año. Como si me fumara algunos cigarros de marihuana, los colores se distorcionan al igual que las paredes, las letras, las mujeres, los autos, el sexo, los sonidos, los edificios, Lezama Lima (aunque Lezama Lima siempre se vuelve distorsionado sin importar la estación del año), el alcohol, la sangre... ¡vamos!, todo se vuelve un disparate. Imposible transitar por las calles con tanta locura. martes, 7 de septiembre de 2010
YA ESTOY ALGO VIEJO

esta mecedora tiene vértigo,
¡cuan triste se ve todo desde aquí!,
no puedo cerrar los ojos
pues se niegan al intento siquiera,
ya se han quedado sin brillo
y están mojados por el vino de la soledad.
El recorrido de mi vista
como el de mis pasos
es torpe y sin comparsa.
¡Quiero correr!, y no puedo,
la vida y el cuerpo me duelen.
si acaso tuviera alma
también el alma me dolería,
me estorbo solo, de poco sirvo.
Las arrugas, estas, las del rostro
han borrado la juventud,
mi insigne juventud, la que se fue
y me marcó para siempre,
tarde, pero me traicionó
llevándose mi todo,
me olvidó,
se marchó sin mí.
Esta ronca voz ya no es la mía,
la de antes emanaba poesía, ahora saliva.
Camino con miedo a caer
y no poder levantarme,
aunque sería lo mejor, pienso.
¿El viento me empuja o me golpea
ensañado, a veces?,
las golondrinas cantan
su música fúnebre,
parece fúnebre, parece.
El cansancio me alcanza rápido,
me ha vencido sin haber luchado,
tengo frío,
mostraría mis garras, mis dientes,
si tan sólo tuviera garras o dientes.
Escucho un mar de gente
que me habla
que me grita,
a veces volteo y no encuentro a nadie, a nadie.
Algo me parte, ¿qué será?,
el corazón quizás,
o la respiración ésta, tan pesada y difícil.
Los años nuevos me amargan
sólo por ser nuevos;
tienen otro ritmo,
pasan con prisa como muriéndose,
sin detenerse por un viejo como yo,
tan diferente.
Sergio Iván Ramírez Huerta

miércoles, 18 de agosto de 2010
EL NÁUFRAGO
ue poco a poco iba creciendo, pues el resumiero actuaba como cómplice al no quererse tragar por completa aquella laguna que iba formándose. No sé de donde sacaba fuerzas para seguir gritando y llorando. El cuarto de baño se hizo chiquito y no había forma de salir.martes, 4 de mayo de 2010
TECELOTL
Vacié las croquetas en el trasto. El perro me miró como quien pide algo más. "Cómete eso, luego te doy otra ración", le dije, como si fuera a entender español. Enseguida empezó a ladrar, pero no era un sonido normal. No era el común y corriente "guau-guau-guau", sino algo más elaborado y con extraña variante fonética. "cuanacuayotl-cuanacuayotl", logré percibir. Me quedé pasmado. Mi perro me estaba hablando en otra lengua o yo estaba escuchando cosas de más. "Trágate eso. Ya me estoy volviendo loco". Sus ojos fueron a parar de nuevo en los míos como si me hubiera entendido a la perfección. "Cahua-cahua-cahua", salieron los siguientes "ladridos", por llamarlos de una manera, y siguió su perorrata "choquizcuicatl-callotl-nacatl". No había duda. Eran palabras. Se levantó en las patas traseras, se colocó a mi altura y peló los colmillos. "chachamecac-nahuatl", vociferó y en seguida volvió a su altura natural.
No sé por qué pero todas sus "palabras" me estaban haciendo eco en los oidos. Aventé cuanto traía en las manos y corrí hacia mi casa como si hubiera visto u oido al mismo diablo en persona. ¿Qué ha pasado? A quién le podré pedir ayuda. "Oiga, mi perro habla una lengua extraña, parece ser nahuatl. Ayúdeme por favor", pudiera comentar y, con la velocidad del rayo me meten a la carcel o al manicomio. "Papá, mamá, nuestro perro es en realidad un indio que viajó en el tiempo y aún conserva aspectos genuinos como la lengua que le heredaron los antiguos pobladores mexicas". "¿Enserio, m´hijo?, qué buena onda´. Qué demonios te estás metiendo, pues ya te has salido de tus cabales", parece que ya los oigo.
Quise salir de nuevo para encararme con el canino, pero las piernas no me respondían, quizás detenidas por el miedo a sus "palabras" o a sus ojos o a su aspecto o a todo junto. ¿Y si me quiere comunicar algo de suma importancia?, o quizás me esté volviendo loco de remate. No sé. Tal vez sea la prueva feasciente de la reencarnación. A lo mejor yo tengo el don de entender a los
animales. Tal vez las croquetas traían una sustancia que permite hablar a los perros.De pronto aquella extraña voz canina se empezó a acercar "Chahuac-chahuac-chahuac". Mis ojos buscaban el emisor de aquellos sonidos y mi mente dibujaba a un perro erguido frente a mi. "Chantlacahuan-cahua-nahuatl-chantlacahuan", no cesaban aquellas difusas palabras. No importaba ya lo que significaran, pues sentía que mis piernas comenzaban a flaquear. De pronto sentí un golpe duro en la nuca. "Chahuac-nahuatl-callotl". Sentí helada mi entrepierna y una mordida en la misma. Colmillos aferrandose a mi carne y las palabras que no cesaban. Luego ya no sentí nada y los "ladridos" se fueron lejos poco a poco como si hubieran partido hacia el pasado en largo viaje.
lunes, 22 de marzo de 2010
Doña Amparo de las compotas
meros, de los que nos regaló el gobierno. Dizque traían conservas de chabacano algunos; otros membrillo; otros más de dátil; otros tantos de nanchi. Ahí nos tienes a todos arremolinándonos con tal de que nos dieran uno de cada uno. Estábamos todos los del ejido, menos Amparo, que de Dios goce. Traiban también unas cobijas que pa´l frío. Hazme el mondrigo favor, estábamos en plenos calorazos, era el mes de mayo. Lo recuerdo ahora porque fue en esas mismas fechas cuando se nos murió la que hice mención endenantes. Total, ahí estábamos todos con el griterío. "Dame una cobija y una despensa de mandado", "a mí unos frascos de dátil, los demás ya me los distes", "yo sólo quero la cobija pa´ mí y échame otra pa´ tapar a la virgen porque le está dando todo el sol". Todo iba bien. Se bajó uno mal encarado de la troca, mientras los demás iban aventando las cosas, a naiden le daban en la mano lo que pedía. Parecíamos leprosos o de esos enfermos a los que no se les acerca siquiera la sombra. Amparito no quiso ir que´s que pa no dejar sola la casa. Temía que alguien se fuera a meter, y cómo no, si el diablo nomás anda viendo haber quién se descuida. Aquel mal encarado se subió y de pronto le metieron el huarache al acelerador de la troca y nos dejó como fantasmas de tierra. Ahí andábamos después como meros pordioseros con cobija y compota nueva. Digo, los que alcanzamos cobija y conserva. Los demás se agarraron a chiflarle la madre al conductor y a sus achichincles. Después fue todo un lío encontrar a doña Amparo. Algunos dicen que la vieron allá en la revuelta pidiendo una despensa porque no tenía ni frijoles siquiera, pero la hubieramos visto todos. La buscamos en las demás casas, capaz que le entró el miedito y se fue a buscar refugio. Yo le traía algunos frascos aún sin abrir. "Doña Amparito, doña", le empecé a gritar como loco y nada que aparecía. Entonces ahí es cuando te digo que abrí un frasco y metí la lengua pa´ probar el membrillo. La sorpresota que me llevé al ver que estaba todo engusanado, no lo había visto bien porque la etiqueta lo tapaba todito. Abrí otro y lo mismo. Los de dátil estaban lamosos de tanta resolana que les pegó. Los de nanchi estaban acedos y ya ni pa que menciono los otros. Total, que me encaminé a la fosa. Sí, a la letrina pa tirar todito, excepto la cobija, porque esa, aunque apestosa a muerto, con una lavada en estafiate y gobernadora, se le quitaba el apeste. Tiré el primer frasco ahí donde tiro mis desperdicios del cuerpo. Sonó hueco, como un coscorrón. "Doña Amparito, que hace usted ahí metida". No me respondió nada. Flotaba, como si fuera una pelota de hule color carne. Pa´ luego fui a avisar a todos. Nadie se quería meter pa´ sacar a la difuntita, hasta que llegó uno de sus hijos y la amarró de la cintura con una soga. Podemos asegurar que ella no se aventó sola, estaba en silla de ruedas y el camino pa´ llegar a la fosa es de mucha piedra y arena. No pasan las ruedas de la silla. Alguien vió un bulto que la llevaba cargada y pensó que era su hijo, pero no.
Éste llegó mucho después y casi se muere también con la noticia. "Yo creo que fue uno de los que venian regalando cosas, aprovechó la distracción y el griterío. El diablo ya ha matado a muchos como pa´ añustarle otro más, ¿no crees?, le dije a los de la patrulla, pero no me creyeron. Me llevaron al monte y arrancaron un cardón que aún tenía pitahayas, y con ese mero me empezaron a pegar. No me soltaron hasta que dije que yo había sido el que la mató. Desde entonces me la paso de un lugar pa otro. A veces en Santa María o en Los Lirios o en El sesenta. Es hora que no puedo ni quiero regresar al ejido, nomás de la pura vergüenza que me vayan a señalar las demás gentes. Aún conservo los frascos engusanados y rancios y, según sé, es tiempo que no se vuelve a parar la troca del gobierno allá en el ejido. No sé por qué. lunes, 15 de febrero de 2010
"quiére más, m´hija, pídame pa´ darle más"
Ahora se puso a dar clases de danzón, hazme el favor. Si de-por-sí está mega choncha, nunca hace ejercicio, es más, ni siquiera sale a caminar. Se la pasa como un mueble más que mira el televisor todo el día. Y venir a mi casa a extenderme esa invitación pa´ ir a echarle taconazo y, aparte pagarle a ella por el guateque. Ir a perder el tiempo, hazme a mí el favor. Nunca me habla y cuando lo hace es sólo pa´ sacarme plata. No es por desearle mal a nadien, pero de veras que a veces se pasa. Yo no soy quién pa´ estar critique y critique como cotorra. Yo soy la menos indicada, pero allá ella. Yo sí tengo cosas importantes que hacer. Yo sí tengo una vida social propia. Lo que pasa es que lo hace adrede nomás pa´ darme picones y hacerse la importante. Bien me lo dijo cuando me vio atascada en esta cuchitril barriada "tu te lo buscas porque quieres, m´hija, el que por su gusto es buey hasta la no se qué lambe". Luego me aventó una caja con cacerolas despostilladas, vasos de plástico y unos costales con ropa que ni me quedaba. Luego se dio la media vuelta y ni "adiós" dijo. Arrancó como una burra sin mecate. Bien presente lo tengo aún como si hubiera sido horitita mismo. Y ahora anda muy pipiris nais buscando a ver quién se deja embaucar pa´ sacarle unos billetitos. Nunca hizo por mí. Cada que le pedía me daba fregadazos hasta pa´ llevar de lonche. "Quiere más, m´hijita, venga pa´ darle más", y mojaba el cinto o sacudía la chancla, ponía una cara de payaso lujurioso y enseguidita se me aventaba tirando guamazos a diestra y sinestra. Yo salía como si me quisieran violar, haciendo un griterío y con las nalgas todas rojas de tanta friega. Los vecinos ya se la sabían y ni el caso. Todos como si nada estuviera sucediendo. Deja tú la pena. Me daba una impotencia que pa´ qué te cuento. "quiere más, m´hija, pídame pa´ darle más". Ya ni acordarse es bueno, pero vieras que la veo y se me salta la vena de la rabia. Voy a ir a esas clasecitas de baile, nomás pa´ verla hacer el ridículo. Esto no me lo puedo perder. Será como ver a una vaca en dos patas tratando de bailar polca. De que lo vale, lo vale. Ahora me toca a mí y en la primera que tenga voy a soltar la carcajada hasta que se me salgan las migas. Ahora me toca decirle a mí "Sí, mamá, quiero más. Quiero ver como haces el ridículo. Quiero más".
martes, 12 de enero de 2010
CRI CRI, ENORME CRONISTA DE UN MÉXICO QUE NO CAMBIA

El maestro Cri Cri nos relata en cada canción (que podríamos señalarlas como “cuentos musicales”), un problema social que abarca distintas esferas sociales.
La crítica que manifiesta es fácil de detectar en su obra. Hablando de las diferencias sociales, tomaremos como ejemplo una percepción muy propia en la canción: El rey de chocolate, que “posee un gran castillo con murallas de membrillo y con torres de turrón…, y a pesar de ser tan dulce tiene amargo el corazón”. Sin duda es un indicio de que el hombre en su voracidad por hacerse de todo lo material se olvida de lo básico: el sentimiento de ser querido. ¿O es éste el que se le niega en forma de “princesa caramelo”? Surge entonces la necesidad del personaje principal, cosa que enmienda mediante una simple artimaña, exponer su fortuna a la vista de todos. Sembrar un gran barquillo que rieguen tempranito con refrescos de limón, una gran cascada de azúcar granulada y el arroyo en vez de piedras que arrastre colación…, la princesa acepta de buena gana la proposición de matrimonio con el feo rey nariz de cacahuate. Estamos frente a otro caso que expone sabiamente Gabilondo Soler “la conveniencia de algunas mujeres que buscan en el hombre su propia solvencia económica, un status y el ambiente de una clase social (alta en este caso)”.
Bien, mi post va encaminado a señalar lo que “El grillito cantor” relata como trasfondo en su obra “La muñeca fea”. Señoras y señores, atención por favor, nos relata LA DISCAPACIDAD INFANTIL Y LA FORMA EN LA QUE LA SOCIEDAD LA ENFRENTA. Recordemos que la Muñeca fea es olvidada en un rincón como se oculta en varios hogares a aquellos que presentan alguna enfermedad física, mental o disfuncional. La familia de aquellos desafortunados ocultan al individuo por una simple cuestión “no quieren enfrentar la crítica social y tienden a esconder sus defectos”. La muñeca fea, mientras se oculta de que alguien la vea, tiene roto un brazo y su cara llena de hollín. Negra es su cara, como el color de piel que más desprecio tiene en las diferentes razas del mundo a través de la historia. La raza negra ha luchado duramente por tener un lugar digno dentro de la sociedad, pero su lucha más ardua ha sido contra el propio racismo. Estamos frente a un personaje que presenta un conflicto no sólo emocional sino también cultural y psicológico. Sus amigos son seres o cosas útiles, pero despreciables como son los ratones, la escoba, el recogedor, el plumero, el sacudidor, la araña y el viejo veliz, pero algo une a éstos: todos quieren ver a nuestro personaje contento y feliz. ¿Por qué ocultar los defectos o a las personas que tienen una discapacidad? La respuesta va más allá de lo que podríamos imaginar. Los animales nunca se desprecian entre sí debido a sus defectos o virtudes. Es el ser humano el único animal que actúa de una forma difícil de comprender. Sea quizá la vergüenza o el tratar de aparentar lo que no somos. Hay múltiples emociones que mueven al hombre. Gabilondo Soler nos relata el proceder de una sociedad de algunas décadas atrás. Actualmente se hacen algunos esfuerzos por erradicar o aceptar la discapacidad en el término más amplio, sin embargo, hay quienes siguen con una venda en los ojos.

Es “La muñeca fea” una obra de arte impresionante, moralista y de un tema “casi prohibido”. La señalo como “obra de arte” porque la música lo es por sí misma. “Cri Cri, el grillito cantor” es sin duda uno de los cronistas que ha llegado a más oídos a través de varias generaciones. ¡Un aplauso a aquel que nos señala con la verdad en los labios y con ello crea temas infantiles!
Espero que aquellos que me lean no cambien su manera de sentir la música del antes mencionado, porque Gabilondo Soler es para todas las edades y sus canciones son tan fácil de asimilar que nunca cansan, pues siempre hay algo nuevo que descubrir.
Me despido con los últimos versos de este maravilloso tema:
Tus amigos
no son los del mundo
porque te olvidaron
en este rincón.
Nosotros no somos así.
Te quiere la escoba y el recogedor
te quiere el plumero y el sacudidor
te quiere la araña y el viejo veliz
también yo te quiero,
y te quiero feliz.
lunes, 7 de diciembre de 2009
Ensayo que surge a partir de la lectura de la obra "El Jugador" de Dostoievsky
Alexei Ivánovich es, sin duda, un personaje tan redondo como gris. Todos somos Alexei Ivánovich

–F. Dostoievski
Es cierto que estamos frente a un personaje extranjero en todos los lugares del mundo. Representa a los rusos, sin embargo, él acepta que todas las nacionalidades compiten en desajustes, incongruencias y defectos. Desde el primer capítulo nos muestra una serie de pleitos verbales. En voz alta y sin pedir la palabra se mete en conversaciones de las que carece de arte y parte: sólo con el fin de reñir, pues le da lo mismo un polaco que un francés.
No hay duda de que el lector aprecia y -¡oh, conciencia vil!-, hasta llega a identificarse con los personajes principales. Todos tenemos nuestra propia “ruleta”. Un vicio esférico que nos muestra la circularidad que envuelve a los seres humanos. ¿Por qué nos vemos reflejados en los personajes llenos de problemas? La respuesta más lógica sería: “por que nosotros estamos envueltos en una nube que contiene todos los problemas posibles, tanto existenciales como morales, religiosos o físicos”.
Alexei Ivánovich tienes varios conflictos. Carece de autoestima y valor para demostrar sus sentimientos de una manera razonable. Siente celos. No sabe conducir sus intereses. No encuentra algo que lo lleve a la satisfacción. Se puede tomar “la victoria frente a la ruleta” como una satisfacción, pero no es plena, ya que lo mueve un interés mayor: conquistar a una dama, desafortunadamente, “la ruleta se vuelve contra él”. La mujer no aprecia el dinero como un escape a su situación de desprecio o de impotencia.
Ahora tomemos el juego de la ruleta que Ivánovich como confiesa en el capítulo II, que el juego no es de su agrado, aunque el corazón le palpita.
Como también yo estaba entonces poseído
en el más alto grado del deseo de ganar,
todo este interés y toda esa sucia
avidez, si lo queréis, al entrar en la sala,
me resultaron algo cómodo y familiar.
El personaje tiene una panorámica basta sobre todo lo que envuelve al juego. Ha clasificado a las personas que asisten al casino en verdaderos caballero y simple gentuza u observadores. El interés y las trampas en que se basa y descansa la banca. Conoce a la perfección el ambiente y las personas que intervienen dentro del juego. No ignora las suertes fortuitas, el orden y el extraño sistema que engloban a la llamada “suerte”.
Me parece clave una frase que señala dentro del capítulo IV “hubiera debido retirarme entonces, pero sentí en mí una sensación extraña, como un deseo de desafiar al destino, al darle una bofetada, de sacarle la lengua”. El ser humano nunca se ha podido ajustar a los cambios repentinos. Carece de muchas respuestas ante la simple existencia, por ello ha creado dioses y ha enaltecido su propio orgullo. Se ha sabido valer de la ciencia y la tecnología para hacer un poco más placentera su presencia, sin embargo, el tentar al destino no es algo nuevo, lo vemos representado de alguna forma en la literatura griega, es decir, volvemos a la circularidad del tiempo, como la pelotita que gira en la ruleta, cae en un espacio rojo o negro, para volver a hacerlo unos minutos después.
Dicen que la necesidad es la madre de todos los inventos. En nuestro caso, no se puede tomar de la misma forma el dicho. Nuestro personaje tiene la necesidad de tener dinero ya que el dinero lo representa todo. Aquel que lo tenga podrá adquirir la felicidad, aparentemente. Todos dependen de alguna manera de una herencia por alguien que está a punto de “estirar la pata”. El verdadero conflicto se da una vez que aparece el personaje de la abuela de 75 años de edad, Antonida Vasílievna Tarasíevicheva, temible y rica terrateniente y señora de Moscú. Le hace ver el futuro a cada uno y borra del mapa hereditario a algunos otros. Ahí es donde nuestra historia va a tomar rumbo. La vieja se ve envuelta en el ambiente del casino, llega a conocer la gloria y el fracaso en un santiamén.
Lo que resulta atractivo y hasta cierto punto identificatorio con el lector –bueno, en mi caso sí–, son las actitudes que toman aquellos que se evaden del mundo para sólo concentrarse en el dinero y la dirección que ha de tomar la pelotita, como si de ella dependiera el destino y la vida de todo aquel jugador.
La abuela advierte en el capítulo X:
…Según se decía alrededor, llevaba ganados ya
los cuarenta mil, que tenía ante él, en oro y
billetes de banco. Estaba pálido, sus ojos brillaban
y le temblaban las manos; apostaba, ya sin pensarlo,
lo que podía coger con la mano, pero siempre ganaba
y seguía amontonando dinero.
–¡Es una lástima! Va a perderlo todo, él se lo busca…
No puedo mirarlo, no hace más que ganar. ¡Qué animal!
Y es ella la que se contradice a su propia predicción. Los ojos ardientes se clavaron en la bolita que saltaba por las ranuras, luego esa misma mirada se ve torpe y perdida ante la derrota. La persigue la ruina. No es algo actual que el dinero sea el motor que haga funcionar a toda una sociedad, aunque los valores morales se vean pisoteados. La literatura nos lo muestra desde siempre.
Sucede un extraño fenómeno ante la victoria. La persona no puede retirarse triunfante, la sed y ambición de poseer más y más poder lo lleva, en la mayoría de los casos, a un declive que culmina en el suelo.
Si antes mencioné que la necesidad es la madre de todos los inventos; la tentación es la madre de todos los vicios. Alexei Ivánovich se ve envuelto en un giro de la ruleta, y no sólo me refiero al juego, una aparente victoria lo conduce a recuperar un status que pensaba perdido. Una vez que tiene dinero, pierde lo que en realidad buscaba: Polina. En cambio, las mujeres y algunos hombres acuden a él como los buitres acuden a la carroña. Alexei tiene un vuelco impresionante en su vida. Se va a Paris y nuevamente vuelve a ser extranjero. Se casa y es subyugado, aunque ya estaba esclavizado por el juego de la pelotita que gira y gira para caer en el número o color que le de la gana. El dinero juega un papel importante en su vida. Ahora la necesidad se vuelve parte de la tentación.
La obra cierra con un mensaje que no puedo dejar de lado en este texto. Ante todas las circunstancias favorables o no, uno debe saber retirarse a tiempo, una vez que no lo haga, la vida siempre nos da una nueva oportunidad y de nosotros depende saber aprovecharla. Pero no por ello va a dejar de dar vueltas la ruleta, al contrario, esa rotación constante es una bestia que nos ha devorado sin habernos dado cuenta, inclusive, nacimos ya devorados.
¿Qué se siente estar jugando frente al propio destino? Es algo fatal y necesario, un deseo intenso, un escalofrío en todo el cuerpo, temblor de piernas y espanto, un hormigueo de fuego, una intoxicación de la fantasía, en pocas palabras… no sé. Pero lo que haya sido, lo sintió nuestro personaje Alexei Ivánovich y el lector es su cómplice más fiel.
Bibliografía
Dostoievski, Fedor. El jugador. Salvat Editores. España, 1971. Pp. 189.
Por Sergio Iván Ramírez Huerta




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